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Mario Vaquerizo sorprende con el ritual que sigue antes de subir al escenario y revela por qué ‘Cabaret’ le obliga a trabajar como nunca |bv

Mario Vaquerizo se encuentra ante uno de los desafíos profesionales más exigentes de su carrera y, como suele ocurrir con él, ha conseguido mezclar trabajo, humor y una forma muy particular de entender la superstición.

El artista se prepara para convertirse en Maestro de Ceremonias de ‘Cabaret’, un papel que le obliga a salir de la comodidad que conoce desde hace años con Nancys Rubias y someterse a una disciplina mucho más estricta.

Vaquerizo ha explicado que no afronta del mismo modo un concierto que una función teatral.

Antes de salir con Nancys Rubias, donde domina el terreno y puede moverse con una libertad mucho mayor, se permite una preparación más informal.

En el teatro, sin embargo, la situación cambia completamente.

Ahí recurre a un pequeño ritual personal: beber un chupito de agua vinculada a la Virgen de Lourdes antes de entrar en escena.

Para él no se trata de una fórmula mágica.

Es una costumbre que asocia a la protección y al respeto que siente ante una disciplina que no forma parte de su rutina habitual.

La confesión puede sonar llamativa, pero detrás aparece una historia bastante más seria.

‘Cabaret’ está obligando a Mario a trabajar con una precisión que reconoce no necesitar cuando actúa con su grupo.

Texto.

Coreografías.

Idioma.

Acento.

Movimiento escénico.

Y una interpretación en la que no puede refugiarse únicamente en su personalidad habitual.

Mario Vaquerizo cambia por completo de ritual cuando deja atrás a Nancys Rubias y entra en un teatro

La diferencia entre sus dos mundos resulta enorme.

Cuando Mario aparece sobre un escenario con Nancys Rubias, conoce perfectamente el código.

Lleva años haciéndolo.

Puede improvisar.

Puede reaccionar al público.

Puede alterar determinados momentos.

Y gran parte de la fuerza del espectáculo se encuentra precisamente en esa sensación de libertad.

Vaquerizo describe ese terreno como algo cercano al ‘freestyle’.

Su personalidad ocupa el centro.

Con ‘Cabaret’, en cambio, no existe la misma posibilidad de hacerlo todo a su manera.

Hay una estructura.

Un personaje.

Un texto.

Una coreografía.

Y una obra que debe funcionar como conjunto.

Ese cambio explica por qué su ritual previo también es diferente.

Antes de una función teatral, Mario busca mentalmente una sensación de protección y concentración.

Cuando actúa con Nancys Rubias, la preparación es mucho más desenfadada y él mismo ha bromeado con la cerveza como parte de ese ambiente.

Dos escenarios.

Dos formas de entrar.

Y una misma persona que, sin embargo, asegura tomarse ambos trabajos muy en serio.

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La frase sobre el agua de Lourdes llama la atención, pero lo importante está en lo que Mario reconoce justo después

El detalle del ritual es perfecto para un titular.

Pero la explicación posterior revela mejor cómo está viviendo el proyecto.

Vaquerizo admite que el teatro le impone respeto.

No es la actividad que realiza de manera habitual y eso aumenta la sensación de responsabilidad.

No puede confiar únicamente en el carisma.

Tiene que estudiar.

Ensayar.

Repetir.

Corregir.

Y volver a empezar.

Esa diferencia es probablemente lo que hace que el reto le resulte tan atractivo.

Mario ha construido buena parte de su imagen pública alrededor de la espontaneidad.

Parece alguien que entra en cualquier espacio y simplemente empieza a ser él mismo.

Pero ‘Cabaret’ exige exactamente lo contrario en determinados momentos.

Tiene que convertirse en otro.

Mantener un personaje.

Respetar tiempos.

Y aceptar una disciplina que deja mucho menos espacio para improvisar.

Mario Vaquerizo estuvo a punto de decir que no a ‘Cabaret’ y el motivo sorprende viniendo de él

La imagen pública de Vaquerizo puede hacer pensar que pocas cosas le generan vergüenza.

Durante años ha aparecido en televisión, sobre escenarios y en sesiones fotográficas con una enorme capacidad para reírse de sí mismo.

Sin embargo, él asegura que inicialmente no quería aceptar el papel.

El motivo era el pudor.

Una confesión que puede parecer contradictoria con el personaje público que ha construido, pero que él mismo ha explicado como una diferencia entre exhibirse dentro de un universo que controla y asumir una interpretación teatral con otras reglas.

El proyecto le interesaba.

Pero también le imponía.

No había ido buscando específicamente un musical de estas características y comprendía perfectamente la responsabilidad que suponía asumir uno de los personajes más emblemáticos de ‘Cabaret’.

Por eso su primera reacción fue dudar.

La decisión cambió después.

Alaska fue con Mario a ver la obra y lo que ocurrió después cambió completamente su decisión

Antes de comprometerse definitivamente, Mario quiso entender mejor aquello que le estaban proponiendo.

Habló con personas de confianza.

Se reunió con el equipo responsable.

Y finalmente acudió a ver ‘Cabaret’ acompañado por Alaska.

Ese momento terminó siendo decisivo.

Una vez sentado frente al escenario y viendo cómo funcionaba realmente la obra, pasó de la duda al entusiasmo.

El personaje dejó de parecerle una amenaza.

Empezó a verlo como una oportunidad.

Vaquerizo salió convencido de que quería hacerlo.

Ese cambio resulta importante porque explica el nivel de compromiso que ha asumido posteriormente.

No aceptó simplemente porque le ofrecieran un papel conocido.

Necesitó enamorarse del proyecto.

Y una vez que eso ocurrió, asegura haberse entregado completamente a la preparación.

Mario Vaquerizo: “Cuando hago teatro siempre me tomo un chupito de agua de  la virgen de Lourdes. Con las Nancys lo que hago es beber cerveza”

‘Cabaret’ obliga a Mario a hacer algo que con Nancys Rubias puede evitar: dejar de improvisar

Una de las dificultades principales se encuentra en la precisión.

Con su banda, Mario puede convertir un error en parte del espectáculo.

Puede hablar con el público.

Cambiar el ritmo.

Dejarse llevar.

El musical no funciona de esa manera.

Hay otras personas dependiendo de cada movimiento.

Una entrada a destiempo afecta a otro actor.

Una frase olvidada altera la escena.

Una coreografía mal ejecutada puede romper la coordinación completa.

Por eso Vaquerizo está trabajando durante horas con profesionales.

No se limita a memorizar el texto.

También tiene que aprender movimiento escénico, técnica vocal y una forma concreta de hablar.

Su personaje requiere además trabajar un acento alemán.

Es precisamente ese nivel de detalle lo que está mostrando una faceta menos visible de Mario.

Detrás de la imagen extravagante existe un profesional obsesionado con llegar preparado.

El consejo de Concha Velasco que Mario no ha olvidado y que ahora se ha convertido en su regla principal

En medio de toda esa preparación hay una frase que Mario recuerda especialmente.

Procede de Concha Velasco.

La actriz le dejó hace años una recomendación sencilla sobre el teatro: llegar con el texto perfectamente aprendido.

No aproximadamente.

No confiar en que la memoria aparezca durante la función.

Aprenderlo hasta que salga casi de manera automática.

Vaquerizo asegura que aquella idea se le quedó grabada.

Y ahora la utiliza como referencia para ‘Cabaret’.

Su método consiste en repetir.

Memorizar.

Interiorizar.

Aunque parte del material tenga elementos en alemán, intenta aprenderlo con la misma mecánica que utilizaba en el colegio cuando necesitaba retener algo palabra por palabra.

La comparación puede sonar poco sofisticada.

Pero funciona.

Para Mario, la preparación es precisamente la herramienta que permite llegar al escenario con seguridad.

El detalle del alemán revela que Mario se está tomando el papel mucho más en serio de lo que algunos esperaban

Uno de los prejuicios que rodean a Vaquerizo es la idea de que su personalidad puede bastarle para ocupar cualquier escenario.

Él parece muy consciente de esa percepción.

Por eso insiste tanto en el trabajo previo.

El acento alemán no es un detalle decorativo.

Forma parte de la construcción del personaje.

Mario está trabajando específicamente esa pronunciación para evitar que todo termine sonando simplemente a una versión de sí mismo disfrazada.

Ese es quizá uno de los grandes riesgos de elegir a una persona con una identidad pública tan poderosa para un papel teatral.

El espectador conoce demasiado bien a Mario Vaquerizo.

Sabe cómo habla.

Cómo gesticula.

Cómo se ríe.

Cómo se mueve.

El reto consiste en utilizar parte de esa energía sin permitir que el personaje desaparezca por completo detrás de la celebridad.

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Las críticas empezaron antes del estreno y Mario ya sabe cuál será su única respuesta

Su elección como Maestro de Ceremonias ha generado opiniones diferentes.

Vaquerizo es consciente de ello.

Sabe que existen personas que cuestionan si su perfil es el adecuado para un musical de estas características.

Pero no parece dispuesto a entrar en una batalla previa al estreno.

Su postura es bastante clara.

Primero hay que ver el trabajo.

Después se puede decidir si gusta o no.

La idea parece simple, pero responde a algo que el artista conoce desde hace muchos años.

La percepción pública suele construirse antes de que una persona pueda demostrar realmente lo que ha preparado.

En este caso, Mario prefiere contestar con ensayos.

No con discusiones.

Su argumento es que una interpretación debe juzgarse después de verla.

Y mientras llega ese momento, continúa estudiando.

Mario Vaquerizo reconoce que los prejuicios existen, pero convierte precisamente esa desconfianza en combustible

El artista nunca ha intentado presentarse como un intérprete teatral tradicional.

Su trayectoria nació en otros lugares.

Música.

Televisión.

Gestión artística.

Entretenimiento.

Por eso sabe que su llegada a ‘Cabaret’ puede generar recelos entre quienes esperaban un perfil diferente.

Vaquerizo responde transformando esa presión en una obligación adicional de preparación.

Cuantos más prejuicios percibe, mayor parece ser su deseo de demostrar que se ha tomado el trabajo en serio.

No garantiza que todo el público vaya a disfrutar de su actuación.

Ni siquiera intenta prometerlo.

Lo que sí quiere evitar es que alguien pueda decir que llegó sin estudiar.

Para él, esa es la parte que está bajo su control.

El gusto pertenece al espectador.

El trabajo le pertenece a él.

El Maestro de Ceremonias tiene mucho más de Mario de lo que parecía al principio

Una vez que comenzó a estudiar el personaje, Vaquerizo encontró varios puntos de conexión con su propia manera de entender la vida.

El primero es la ausencia de prejuicios.

También aparece el rechazo al dogmatismo.

La defensa de la identidad personal.

La capacidad de mostrarse ante los demás sin esconder quién eres.

Y el uso del humor y de la ironía como herramientas para enfrentarse a un entorno que puede resultar hostil.

Todos esos elementos forman parte desde hace años de la imagen pública de Mario.

Por eso el personaje terminó pareciéndole menos lejano.

Puede existir una disciplina teatral estricta alrededor.

Pero emocionalmente hay puntos que reconoce.

Y esa identificación puede convertirse en una ventaja para construir la interpretación.

Vaquerizo explica por qué ‘Cabaret’ sigue siendo actual y la respuesta va más allá del vestuario

Para Mario, la vigencia de la obra no se encuentra únicamente en sus canciones o en el atractivo visual.

También está en el tipo de personajes que muestra.

Personas que no encajan perfectamente dentro de los modelos dominantes.

Individuos que viven de otra manera.

Que se relacionan de otra manera.

Que muestran una identidad que puede resultar incómoda para determinadas estructuras sociales.

Vaquerizo considera que esa conversación continúa plenamente vigente.

La necesidad de convivir con quien es diferente no pertenece únicamente al contexto histórico en el que nació la historia.

Sigue formando parte de la sociedad actual.

Ese componente es precisamente uno de los motivos por los que siente que el personaje conecta con él.

Mario lleva décadas defendiendo públicamente una forma de vivir basada en la libertad personal y la falta de complejos.

Tacones, medias y ropa interior: lo que podría intimidar a otro actor para Mario resulta casi familiar

Si existe un apartado de ‘Cabaret’ que no parece preocuparle especialmente, es el vestuario.

Mario ya conoce la teatralidad estética.

Con Nancys Rubias ha utilizado durante años prendas llamativas, tacones, medias y todo tipo de estilismos que rompen con una imagen convencional.

Por eso aparecer con ropa interior o con elementos de vestuario provocativos no supone necesariamente un nuevo desafío.

Incluso el cambio de cabello terminó divirtiéndole.

Inicialmente tenía dudas sobre cómo le sentaría verse rubio.

Después de probarlo, su opinión cambió rápidamente.

El resultado le gustó.

Ese componente visual hace que parte del universo de ‘Cabaret’ se acerque bastante a territorios que Mario ya conoce.

La diferencia vuelve a estar en lo que ocurre alrededor.

El vestuario puede resultar familiar.

La precisión teatral no.

Mario no teme los tacones, pero sí equivocarse en una frase: ahí está la gran diferencia de este proyecto

Ese contraste resume bastante bien el reto.

Lo aparentemente más extravagante no es lo que le preocupa.

Salir vestido de una manera atrevida no le genera el mismo respeto que perder una frase o fallar una marca escénica.

Mario está acostumbrado a utilizar su cuerpo y su vestuario como parte de un espectáculo.

Pero un musical exige que esa presencia funcione dentro de una estructura mayor.

Por eso el verdadero desafío es técnico.

Memoria.

Coordinación.

Voz.

Ritmo.

Idioma.

Es fácil quedarse con la imagen exterior.

Pero Vaquerizo insiste en que ahí no está el trabajo más difícil.

Alaska se convierte en la persona que escucha sus textos y no le permite relajarse

Dentro de todo el proceso, Alaska ocupa un papel importante.

No aparece únicamente como pareja.

También funciona como una de las primeras personas ante las que Mario prueba lo que está aprendiendo.

Repasa textos con ella.

Escucha sus observaciones.

Y sabe que su opinión no estará condicionada únicamente por el cariño.

Vaquerizo la describe como una de sus críticas más exigentes.

Eso hace que el proceso tenga una dimensión doméstica curiosa.

La preparación no termina cuando abandona el ensayo.

Continúa en casa.

El texto sigue presente.

Las correcciones también.

Y Alaska se convierte en una especie de primer público antes de que llegue el público real.

Mario Vaquerizo explica por qué divertirse no significa trabajar menos

Una de las ideas que más repite es la unión entre diversión y disciplina.

Mario siempre ha construido sus proyectos alrededor del disfrute.

Le gusta el camerino.

El maquillaje.

Las pelucas.

La transformación.

La energía previa a salir al escenario.

Todo ese universo forma parte de la razón por la que continúa aceptando proyectos.

Pero para él divertirse no es incompatible con preparar cada detalle.

De hecho, considera que la diversión funciona mejor cuando existe suficiente trabajo detrás.

Si el texto está aprendido, puede disfrutar de la escena.

Si conoce la coreografía, puede liberarse dentro de ella.

Si controla el personaje, puede jugar.

La disciplina no elimina la espontaneidad.

La hace posible.

La lección de Concha Velasco vuelve a aparecer cada vez que Mario siente la presión

Ante una nueva función, Vaquerizo parece regresar una y otra vez al mismo consejo.

Llevar la lección aprendida.

Para él existe algo especialmente tranquilizador en saber que ha cumplido con su parte antes de recibir cualquier opinión externa.

Puede gustar.

Puede no gustar.

Puede provocar aplausos.

Puede generar críticas.

Pero si ha estudiado, ensayado y trabajado, entiende que ha hecho todo lo que estaba en sus manos.

Esta mentalidad es probablemente la defensa que utiliza frente a los prejuicios que ya acompañan su elección.

No intenta convencer verbalmente a todos.

Quiere llegar al escenario preparado.

El ritual de Lourdes y la cerveza cuentan en realidad la misma historia sobre Mario Vaquerizo

A primera vista, ambos rituales parecen completamente opuestos.

Agua asociada a Lourdes antes del teatro.

Cerveza en el contexto de Nancys Rubias.

Uno transmite recogimiento.

El otro, fiesta.

Pero los dos reflejan algo parecido.

Mario entiende cada escenario de una manera diferente.

No intenta aplicar la misma fórmula a todos sus trabajos.

Con la banda necesita entrar en una energía más libre.

Con el teatro busca concentración y seguridad.

Son códigos distintos para activar diferentes partes de su personalidad.

Ese detalle aparentemente anecdótico termina revelando bastante sobre cómo entiende su profesión.

No trata todos los escenarios como si fueran iguales.

Mario Vaquerizo llega a ‘Cabaret’ con una certeza: el personaje puede ser extravagante, pero el trabajo no admite improvisaciones

El gran desafío ahora será comprobar qué ocurre cuando se levante el telón.

Hasta entonces existen ensayos, preparación y opiniones anticipadas.

Después llegará el público.

Y ahí Mario sabe que ya no podrá controlar la reacción.

Algunos probablemente disfrutarán de su interpretación.

Otros mantendrán sus dudas.

Es parte de cualquier producción teatral y todavía más cuando el reparto incluye a una personalidad tan conocida.

Vaquerizo no parece querer evitar ese juicio.

Solo quiere que llegue después del trabajo.

No antes.

Entre el agua de Lourdes, Concha Velasco y Alaska aparece el Mario Vaquerizo que no siempre se ve en televisión

La imagen pública de Mario suele estar dominada por el exceso.

El humor.

La música.

La estética.

Las frases inesperadas.

Pero su preparación de ‘Cabaret’ ofrece otra perspectiva.

La del alumno.

Alguien que escucha a profesores.

Repite frases.

Estudia pronunciación.

Memoriza texto.

Acepta correcciones.

Y se apoya en consejos que recibió años atrás.

La anécdota del agua de Lourdes puede ser lo primero que llame la atención.

Pero quizá lo más importante sea todo lo que ocurre después de ese pequeño ritual.

Porque una vez que termina el chupito simbólico y se acerca el momento de salir, no existe ninguna protección que sustituya al trabajo realizado.

Ahí solo queda lo estudiado.

Vaquerizo afronta las críticas con una regla simple: primero quiere que le vean y después que decidan

Mario conoce perfectamente la conversación que existe alrededor de su fichaje.

No vive ajeno a ella.

Sabe que hay espectadores convencidos.

Y otros que todavía necesitan verlo para entender la elección.

Curiosamente, ese segundo grupo es precisamente al que parece dirigirse.

No pide confianza ciega.

Pide una oportunidad.

Que se levante el telón.

Que el personaje aparezca.

Que termine la función.

Y entonces llegue el juicio.

Esa postura resulta coherente con todo lo demás que ha explicado.

Su respuesta a los prejuicios no será una gran declaración.

Será el escenario.

El nuevo reto de Mario Vaquerizo demuestra que detrás del personaje público existe una obsesión mucho menos visible: llegar preparado

‘Cabaret’ puede terminar siendo una de las pruebas más interesantes de su trayectoria precisamente porque coloca frente a frente las dos versiones de Mario.

La que todos conocen.

Exagerada.

Libre.

Espontánea.

Dispuesta a convertir casi cualquier cosa en una broma.

Y otra mucho menos visible.

La que estudia.

La que repite.

La que teme no estar a la altura.

La que recuerda el consejo de Concha Velasco.

La que pide a Alaska que escuche el texto.

La que necesita sentirse preparada antes de cruzar el escenario.

Quizá por eso su curioso ritual tenga sentido dentro de su propia lógica.

Un pequeño gesto antes de enfrentarse a algo que le impone respeto.

Después viene todo lo demás.

El maquillaje.

La peluca.

Los tacones.

La música.

Las luces.

Y un personaje que, cuanto más lo estudia, más parecido encuentra a ciertas partes de sí mismo.

Mario Vaquerizo todavía no sabe qué opinión tendrá cada espectador cuando lo vea como Maestro de Ceremonias.

Pero sí parece tener clara una cosa.

Puede controlar el estudio.

Puede controlar el ensayo.

Puede controlar cuánto trabaja.

Lo que ocurra después será cosa del público.

Y quizá esa sea precisamente la diferencia entre el Mario que sale con Nancys Rubias y el que ahora se prepara para ‘Cabaret’.

Con uno puede permitirse improvisar.

Con el otro quiere llegar con cada palabra aprendida.

Por si acaso, antes de entrar, también tendrá preparado su particular ritual.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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