Matías Prats vuelve a causar revuelo con su último chiste en el informativo de Antena 3.
Matías Prats convierte una extraña moda de internet en cinco palabras: el chiste que demuestra por qué su humor sigue funcionando en un informativo
Hay presentadores que necesitan varios minutos para provocar una sonrisa.
Matías Prats necesitó cinco palabras.
Antena 3 Noticias explicaba este domingo una de esas tendencias de internet que parecen diseñadas expresamente para poner a prueba la seriedad de cualquier informativo: el llamado pheromone-maxxing, una práctica difundida en redes por algunos hombres que consiste en reducir la higiene, espaciar las duchas o dejar de lavarse el pelo con la idea de preservar unas supuestas feromonas naturales y resultar así más atractivos.
Prats cumplió primero con su trabajo.
Explicó el fenómeno.
Contó cuál es la teoría de quienes lo practican.
Y, cuando parecía que el asunto terminaba ahí, miró a cámara y dejó caer su valoración:
“No me gusta un pelo”.
No necesitaba explicar el juego de palabras.
La noticia ya había hecho todo el trabajo previo.
Antena 3 convirtió después el momento en uno de sus contenidos virales del fin de semana y recordó que esa forma de cerrar determinadas informaciones con ironía se ha convertido prácticamente en una firma del presentador.
Pero, más allá de la ocurrencia, la escena plantea algo bastante interesante.
¿Por qué este tipo de chistes funcionan con Matías Prats cuando en manos de otro presentador podrían parecer forzados?
Y, sobre todo, ¿qué había de cierto en esa extraña tendencia que acababa de explicar?
El chiste funciona porque llega después de la información, no en lugar de ella
Esta diferencia es probablemente la clave.
Prats no utilizó el humor para sustituir la noticia.
Primero explicó que el pheromone-maxxing se está difundiendo en redes y que algunas personas aseguran que lavarse menos permitiría conservar determinados compuestos naturales asociados, supuestamente, con la capacidad de seducción.
Solo después apareció el chascarrillo.
Eso mantiene una frontera importante.
El espectador recibe primero el contenido.
La broma funciona como cierre.
No como argumento.
Y esa estructura ayuda a entender por qué Matías puede permitirse cosas que resultarían bastante más extrañas en una información política, una tragedia o un suceso grave.
Su humor suele aparecer precisamente cuando la naturaleza de la noticia permite ese pequeño cambio de tono.

Y esta vez el tema casi parecía pedir el juego de palabras
Pelo.
No lavarse.
Atractivo.
Feromonas.
Era difícil imaginar una noticia con más posibilidades lingüísticas para Prats.
La frase “no me gusta un pelo” funciona porque tiene dos lecturas simultáneas.
En castellano significa que algo no convence en absoluto.
Pero aquí el objeto literal de la noticia era precisamente el cabello sin lavar.
Es un mecanismo extremadamente sencillo.
Y precisamente por eso funciona.
No necesita explicación posterior.
No interrumpe el ritmo del informativo.
Y tampoco requiere convertir al presentador en protagonista durante varios minutos.
La noticia continúa.
Pero el ‘pheromone-maxxing’ existe realmente
Aunque parezca una invención creada para alimentar el chiste, la tendencia lleva semanas circulando internacionalmente.
La idea consiste en minimizar duchas, champús, desodorantes y productos perfumados porque algunos seguidores creen que el olor corporal natural contiene feromonas capaces de aumentar la atracción sexual.
En determinadas versiones más extremas de la tendencia, algunos usuarios incluso hablan de repetir ropa sudada o eliminar casi por completo ciertos hábitos de higiene.
El fenómeno forma parte del universo conocido como looksmaxxing, una cultura digital centrada en buscar técnicas —desde bastante normales hasta muy extremas— con las que supuestamente maximizar el atractivo físico.
El problema aparece cuando una moda de redes empieza a presentarse como si tuviera una explicación biológica establecida.
Ahí la ciencia es bastante menos rotunda que TikTok.
No está demostrado que dejar de lavarse aumente ninguna supuesta feromona sexual humana
Este es probablemente el dato más importante de toda la noticia.
Las feromonas están perfectamente documentadas en muchas especies animales.
Son sustancias químicas que pueden producir determinadas respuestas en otros individuos de la misma especie.
Pero trasladar automáticamente ese mecanismo a los seres humanos es mucho más complicado.
Especialistas consultados por Antena 3 y El País coinciden en algo esencial: no existe evidencia científica sólida de que los humanos dispongamos de un sistema de feromonas sexuales comparable al observado en otras especies, y tampoco está demostrado que dejar de ducharse o lavarse el cabello aumente la capacidad de atracción sexual.
Por tanto, “conservar feromonas” mediante falta de higiene es, en el mejor de los casos, una hipótesis viral.
No una recomendación respaldada científicamente.
Olor corporal y feromonas tampoco son sinónimos
Aquí existe otra confusión frecuente.
Nuestro cuerpo naturalmente produce sudor y otras secreciones.
Eso es indiscutible.
También poseemos olores individuales.
Pero el olor que aparece después de pasar mucho tiempo sin lavarse no puede describirse simplemente como una acumulación selectiva de “feromonas atractivas”.
Parte importante del olor corporal procede de la interacción entre el sudor y las bacterias presentes sobre la piel.
Que alguien tenga olor natural no significa automáticamente que ese olor esté transmitiendo una señal sexual biológica equivalente a la existente en determinadas especies animales.
Y aquí el chiste de Matías adquiere incluso una segunda utilidad.
Hace graciosa una teoría que, presentada sin contexto, podría terminar circulando como un supuesto consejo científico.
Las redes llevan años convirtiendo el atractivo en una especie de laboratorio casero
El pheromone-maxxing tampoco aparece aislado.
Forma parte de una tendencia digital más amplia donde cualquier elemento de la apariencia puede convertirse en algo que supuestamente debe “optimizarse”.
Mandíbula.
Piel.
Pelo.
Altura.
Porcentaje de grasa.
Forma de vestir.
Postura.
Perfume.
Y ahora incluso olor corporal.
Dentro del looksmaxxing conviven consejos bastante razonables —cuidarse, vestir mejor o practicar ejercicio— con propuestas que pueden carecer de fundamento o llegar a extremos preocupantes. El País sitúa precisamente el pheromone-maxxing dentro de ese ecosistema de métodos que prometen mejorar radicalmente el atractivo.
Eso dice bastante sobre una determinada cultura de redes.
La seducción deja de plantearse como una combinación de personalidad, confianza, compatibilidad y relación humana.
Se transforma en una fórmula.
Como si existiera un botón secreto que pudiera activarse.
Mi lectura: la noticia es casi más interesante por lo que dice de internet que por el pelo
Hoy cualquier teoría puede recorrer millones de pantallas antes de que nadie pregunte si tiene sentido.
Primero aparece el vídeo.
Después llegan las reacciones.
A continuación los imitadores.
Finalmente alguien consulta a los especialistas.
En ese orden.
Y muchas veces cuando llega la explicación científica, la idea ya ha sido vista por una audiencia enorme.
El pheromone-maxxing funciona especialmente bien como contenido porque contiene los ingredientes perfectos para hacerse viral:
es extraño,
se relaciona con sexo y atracción,
promete resultados fáciles,
y provoca inmediatamente una reacción.
Quien lo ve suele pensar:
“¿De verdad alguien está haciendo esto?”
Y esa misma pregunta impulsa el contenido todavía más.
Matías Prats entendió hace años otro principio de la viralidad: no intentar demasiado
Su estilo humorístico suele ser exactamente lo contrario de una actuación larga.
Una frase.
Una pausa.
Una mirada.
Y fuera.
En abril de este mismo año, por ejemplo, Antena 3 contó la historia de un loro llamado Gorri que había desaparecido de San Sebastián y reaparecido en La Rioja.
Prats cerró la historia jugando con la capacidad del animal para repetir sonidos:
“Se repetía mucho, mucho”.
Otra vez el mecanismo era prácticamente idéntico.
La información preparaba el terreno y el periodista aparecía al final con una frase mínima.
En junio volvió a hacerlo con el ‘Yellow Day’
Cuando el informativo explicó la teoría del llamado “día más feliz del año”, Matías escuchó las razones supuestamente asociadas con esa fecha —más horas de luz, buen tiempo, vacaciones próximas— y terminó preguntando quién había inventado aquello.
No era un gran monólogo.
Era una pequeña perforación de la solemnidad con la que algunas modas terminan entrando en los medios.
Ese es probablemente el terreno donde su humor funciona mejor.
Noticias curiosas.
Tendencias.
Historias cotidianas.
Situaciones donde el espectador también está pensando:
“Esto es un poco absurdo, ¿no?”
Prats verbaliza esa sensación.
Incluso sus propios errores pueden acabar convertidos en humor
En marzo confundió en directo angula y anguila.
En lugar de fingir que no había ocurrido nada, reconoció la equivocación y volvió sobre ella al final del informativo mediante otro comentario humorístico.
Mónica Carrillo terminó riéndose de la situación.
Eso revela otra parte importante de su estilo.
El humor no sirve únicamente para hacer reír.
También desactiva pequeños momentos de tensión.
Humaniza al presentador.
Recuerda al público que quien está delante de la cámara también puede equivocarse.
Pero esa familiaridad funciona porque existe una enorme credibilidad previa
Aquí está probablemente la diferencia fundamental.
Matías Prats no construyó primero una carrera como personaje humorístico para después presentar noticias.
Ocurrió al revés.
En 2025 cumplió cincuenta años trabajando en televisión y para entonces ya había superado los 10.000 informativos presentados, según Antena 3.
Su trayectoria incluye décadas en TVE y Antena 3, retransmisiones deportivas, Juegos Olímpicos, grandes acontecimientos internacionales y coberturas de algunos de los momentos más relevantes de la historia contemporánea española.
Esa trayectoria crea un colchón de confianza.
El espectador sabe que Matías puede ponerse serio.
Lo ha visto hacerlo miles de veces.
Por eso, cuando una noticia ligera permite una broma, el cambio de registro resulta natural.
El humor sería mucho más problemático sin esa capacidad de distinguir contextos
Un informativo no puede bromear con todo.
Y tampoco debería.
La gracia del estilo Prats no reside simplemente en hacer chistes dentro de las noticias.
Consiste en saber qué historias admiten ese tratamiento.
La diferencia es enorme.
Una pieza sobre una tendencia de TikTok que anima a no lavarse el pelo puede terminar con un juego de palabras.
Una noticia sobre víctimas, violencia, enfermedad grave o sufrimiento humano exige otro registro.
La credibilidad se mantiene precisamente porque el humor tiene fronteras.
Mónica Carrillo también forma parte de ese ecosistema
Desde hace años, Prats presenta Noticias Fin de Semana junto a Mónica Carrillo.
Su complicidad ha generado numerosos momentos espontáneos y bromas cruzadas que Antena 3 incluso recupera frecuentemente como parte de la identidad del informativo.
Eso también ayuda.
El humor no parece una pieza extraña introducida artificialmente.
Forma parte de una relación televisiva que el espectador conoce.
Y después de tantos años, prácticamente existe una expectativa:
cuando aparece una noticia con un titular demasiado perfecto para un juego de palabras, muchos espectadores ya están esperando qué dirá Matías.
Esa expectativa podría convertirse en una trampa, pero hasta ahora parece manejarla bien
Cuando una característica de un presentador se hace famosa, surge el riesgo de explotarla demasiado.
Si cada noticia terminara con un chiste, dejaría de sorprender.
Se transformaría en obligación.
Y probablemente acabaría cansando.
El valor del chascarrillo de Matías reside precisamente en que aparece de manera puntual.
El espectador reconoce la estructura, pero no necesariamente sabe cuándo llegará.
Y eso conserva parte del efecto.
Las redes hacen después el resto
Hace veinte años, una frase así podía provocar una sonrisa en millones de hogares y desaparecer al terminar el telediario.
Hoy tiene una segunda vida.
El fragmento se recorta.
Se publica.
Se comparte.
Se comenta.
Y vuelve a llegar a personas que ni siquiera estaban viendo el informativo.
Ahí ocurre algo curioso.
Un presentador cuya carrera comenzó décadas antes de TikTok ha desarrollado, sin necesitar convertirse personalmente en creador de redes, un estilo extraordinariamente compatible con ellas.
Sus chistes son cortos.
Funcionan aislados.
No requieren demasiado contexto.
Y terminan con una frase reconocible.
Prácticamente poseen la estructura perfecta para un vídeo viral.
Antena 3 reconoce incluso en el perfil profesional de Prats que, aunque no se le conocen redes sociales propias, su forma personal de informar y sus bromas mantienen una presencia constante en ellas.
Y hay otra paradoja divertida: esta vez Matías ayudó a desmontar la misma tendencia que convirtió en viral
La propia Antena 3 acompañó la cobertura del fenómeno con una explicación científica específica.
Especialistas consultados por la cadena insistieron en que no está demostrado que los seres humanos posean un sistema de feromonas como el que sostiene la teoría del pheromone-maxxing.
Eso permite que la noticia tenga dos niveles.
Uno muy fácil de compartir:
Matías diciendo “no me gusta un pelo”.
Y otro bastante más útil:
no existe evidencia sólida para asegurar que renunciar a la higiene aumente el atractivo sexual.
El primero consigue atención.
El segundo aporta contexto.
Cuando ambas cosas funcionan juntas, el resultado es mucho mejor que quedarse únicamente con el meme.
Mi opinión: el mejor chiste de Matías no es necesariamente el más ingenioso
Muchas veces lo importante es el momento.
“No me gusta un pelo” podría decirlo cualquiera.
Es una expresión común.
No es una construcción lingüística extraordinaria.
Pero colocada inmediatamente después de explicar que algunos hombres están dejando de lavarse el cabello para resultar supuestamente más seductores, cambia completamente.
Eso es timing.
Y probablemente ahí esté una parte importante del talento de Prats.
Saber cuándo una frase corriente puede convertirse en el remate perfecto.
También dice algo positivo sobre cómo puede evolucionar un informativo sin perder su identidad
Las noticias han cambiado muchísimo durante la carrera de Matías.
Primero televisión prácticamente sin competencia.
Después cadenas privadas.
Internet.
Redes sociales.
Vídeos verticales.
TikTok.
Tendencias que nacen por la mañana y parecen antiguas una semana después.
Sin embargo, el objetivo básico permanece:
explicar al espectador qué está ocurriendo.
La aparición ocasional del humor puede funcionar como una adaptación a ese nuevo entorno sin necesidad de transformar el telediario en un programa de entretenimiento.
La condición es sencilla:
la broma nunca debería tener más importancia que la información.
Conclusión: el pelo fue la excusa, la marca Prats hizo el resto
El pheromone-maxxing probablemente tendrá la misma vida que muchas tendencias digitales.
Durante unos días aparecerá en vídeos, bromas y conversaciones.
Después llegará otra moda.
Matías Prats, en cambio, lleva medio siglo delante de las cámaras.
Y esa diferencia ayuda a explicar por qué el verdadero protagonista de la noticia terminó siendo él.
Primero presentó una tendencia extraña.
Después dejó claro, mediante cinco palabras, lo poco que le convencía.
Y desapareció del chiste antes de que el chiste pudiera agotarse.
La ciencia, además, parece estar bastante más cerca del escepticismo de Prats que de las promesas virales: no está demostrado que dejar de lavarse el pelo o reducir la higiene conserve unas feromonas sexuales humanas capaces de incrementar la seducción.
Así que quizá su frase haya terminado funcionando en dos niveles:
como juego de palabras
y como resumen involuntariamente razonable de la evidencia disponible.
¿Creéis que este tipo de pequeñas bromas hacen que un informativo resulte más cercano sin restarle credibilidad, o preferís que los presentadores mantengan siempre un tono completamente neutral?
Y otra cuestión:
¿por qué pensáis que los chistes de Matías Prats continúan generando conversación después de tantos años: por el juego de palabras en sí o porque el público ya espera ese instante de complicidad cada vez que aparece una noticia especialmente curiosa?